Huele a cempoalxóchitl

Pasamos los últimos meses del año en el hospital, a mi abuela le daban miedo pero esas noches no resistía más.


1 y 2 de noviembre.


Mi abuela era la más asidua a las tradiciones mexicanas, los dulces típicos, los platillos, las fiestas mexicanas con ella lo eran más. El día de los muertos no era una excepción.

Mi primer disfraz fue de calabaza, las salidas no eran como las de ahora, mucho menos el “pedir calaverita” no había dulces pero si monedas, eso solo, quizás unos dos años.

Salía con mis padres, a veces con mis tíos, no habían fiestas de disfraces, ni personas mayores enfundados en uno, solo niños, llenos de alegría de un lado a otro, preguntando a cada cual que pasara por ahí la calaverita.

No había adornos, pero al llegar a casa había calabaza y camote, lo típico, después de una larga caminata quería cenar, ya quería mi plato de leche con calabaza. Parecía la cena navideña y al día siguiente el recalentado.

Mi abuela solía poner la ofrenda, era sencilla: vasos de agua, pan, sal algunas flores. Nunca le di mucha importancia, no más que mi emoción de ser una bruja o la comida, me explicaba ciertas cosas, ciertos familiares, que tal vez algún día había conocido. Los años posteriores siguieron así, sin cambios, lo que dicen que no es bueno, estática la vida pero dulce, me gustaba su rutina, con cierto encanto, ya todos se disfrazaban, había música, fiestas por la calle, era ya un día de muertos con fiesta americana incluida.

Cierto 1 de noviembre en el cual mi edad me daba más para salir a ver la celebración que para pedir algo, de la mano ya de mis primos regresamos con la noticia del primer infarto que había tenido esa noche, no pasó a mayores, el siguiente año falleció.

En casa no se habían puesto ofrendas ni caminos de flores. Este año sí

En casa ya no se volvió a comer la calabaza en leche.

En casa aprendimos a reconocer el olor que desprenden esos días santos.

Rabí


“Yo también he sentido frio” me dijo cuando yo titiraba mientras celebrábamos su cumpleaños.


Tarde en entender a que se refería haciendo referencia a que desde mis 6 o 7 años “pensaba” que le prestaba mucha o demasiada atención.

Mi madre a lo largo de la vida ha sufrido enfermedades raras ningún médico acertaba con el diagnóstico, así, desgraciadamente y a la vez milagrosamente llegamos a conocer al Rabi, por lo que a la soledad de mi niñez se le unió sus bromas, consejos, recetas, ayudas y sobre todo la esperanza de que a su lado la vida iría mejor.

Cada lunes y viernes de todos los años siguientes eran el pasar la mañana y parte de la tarde en su consultorio, crecí viéndolo caminar tan rápido de un lado a otro ¿como podía atender a cada paciente? lo lograba, ¿lo has visto? Me preguntaba, si antes estaba allá y ahora ya está aquí.

Llorando las personas confiaban en él sus penas, cuando ya no había salida cuando la luz se había apagado, ahí estaba ese destello, era la flama viva de lo posible.

Paso el tiempo y quizás ya no solo llegaba a su consultorio por mi madre, ya era yo, mis primeros fracasos, mis tropiezos, la ayuda de sus consejos, mis primeras enfermedades que yo sentía mortales, mis primeros reproches y el día que mi cabello caía a mechones –se me va a caer todo el cabello- le decía pero sonriendo contestaba que no. Y ciertamente, a la semana con su ayuda mi cabellera volvió a brillar.

Me parecía que nunca se molestaba pero un día contó que si, parecía que nunca estaba triste pero un día supimos que si, y entonces ¿él a quien acudía? Eso también lo supe cuando llegue llorando por aquel amor que nunca mereci, mi cuerpo siempre tenía frío aún en los días soleados, mis ojos llorosos le miraban (como siempre) más como siempre su consuelo era el calor a mis escalofríos.

Es un llama ardiendo como la forma en que nos explicaba el sentir amor a la vida, es su alegría que aún en los días de invierno no necesitaba abrigarse. Es mágico es indestructible o eso pensamos todos aquellos que lo hemos conocido, porque también él ha sentido frío.

El viaje en globo.


Eran constantes sus viajes, sus enredados cabellos de eso respiraban, hablaba tanto de ello; planes, lugares, arte, amigos ¿Y yo? Yo simplemente le miraba, quizás extasiada de sus aventuras, quizás solo por mirar.

No hablaba mucho, no solía opinar demasiado, me gustaba escucharle, y de vez en cuando, un “lo vas a lograr, no te preocupes” se me escapaba.

Le miraba como si fuese un destello de luz, solía ser brillante, tal vez no había nadie más quien le admirara tanto como yo, capaz de ver en él la esmeralda más bonita aún por pequeña que fuera. -tu eres muy buena, siempre me escuchas- era fácil, él no lo sabía.

Aún en ello mi felicidad se peleaba con mi soledad sabia que en esas charlas se escondía cruel el desapego, por más atención que le prestaba, en esa mesa al lado mío otra voz estaba al tanto

Se va y tú quedas, lo alientas y se aleja

Sabes que no es amor pero lo quieres

Ya, siempre fue mi problema. Con la mirada baja preguntaba ¿vas a volver? ..

Un día, como siempre, en ese remolino de palabras, conmigo alegre como siempre más con la esperanza escondida “como siempre” le decía :

Deberías hacer un viaje en globo como en la historia de Julio Verne. Solo eso te faltaría.

Reímos.

Mi expresión se iluminó cuando me respondió -si lo hago te vienes conmigo-

Me dan miedo las alturas le contesté

– me miras a mi –

Él se fue, no en su viaje en globo. Luego volvió diciendo que ya tenía el globo, emocionada le respondí :

Tengo el fuego para hacerlo volar.

L’amore


Desde pequeña tenía esta gran espina en el corazón que me hacía escribir hasta lo más pequeño de la vida, no eran muchas mis historias tomando en cuenta lo corto de mi edad, sin embargo al pasar de los años me di cuenta que en mi lo que más se alojaba eran las historias de amor, aquellas, que por más que quería olvidar y aún por una mirilla pequeña lograban escapar.

Claramente no eran estos traumas de vivir del pasado, esposada a un ruin recuerdo, era más, ¿cómo explicarlo?

La seducción de un recuerdo no absurdo si no complejo, la tristeza, la alegría, los porque, la sonrisa provocada por un guiño de ese día.

Mira María como tu musico, a veces saltaba, una película, una canción, un vistazo a mis cabellos enredados cuando no podía dormir. Supongo esa chispa en mi quedaba por lo poco de mi experiencia:

El primer amor, capaz de luchar contra todo y que con un final murió sin dar pelea. El segundo capaz de hacer olvidar al primero, infeliz, feliz, imposible, vivaz, incapaz. Todo en nada y se esfumo, como si no hubiese pasado, como si la melodía no hubiese sonado, como la esperanza perdida en un campo de guerra.

Teniendo en cuenta que muchos amores no he tenido, me saltaban las preguntas típicas, ¿fui yo, que no di, no fui suficiente? Pasando por el “lo malo de ti es que te crees especial” era yo, estaba claro, no me enamoraba en cada esquina y al quedar perdida enamorada me sentía satisfecha y nada más buscaba.

Toda mi vida ha girado en torno al amor; aquello que te provoca el perdonar, ser cariñoso, el ser feliz o pleno y demás sentimientos de dulzura ¿porque?

Fue la enseñanza más repetida del rabi.